ODA TRIUNFAL

 

Cuadro: Homenaje a Fernando Pessoa. Luis Badosa

 

A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica

tengo fiebre y escribo.

Escribo rechinando los dientes, una fiera ante esta belleza,

ante esta belleza totalmente desconocida por los antiguos.

¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r-r-r eterno!

¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos furiosos!

¡Furiosos fuera y dentro de mí

por todos mis nervios disecados,

por todas las papilas de todo aquello con que siento!

Tengo secos los labios, ¡oh grandes ruidos modernos!

De oíros demasiado cerca,

y me arde la cabeza de querer cantaros con el exceso

de expresión de todas mis sensaciones,

con un exceso contemporáneo de vosotras, ¡oh máquinas!

Febril y mirando los motores como a una Naturaleza tropical

-¡grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza!-

canto, y canto al presente, y también al pasado y al futuro,

porque el presente es todo el pasado y todo el futuro

y están Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas

sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,

y pedazos de Alejandro Magno tal vez del siglo cincuenta,

átomos que han de tener fiebre en el cerebro del Esquilo del siglo cien,

andan por estas correas de transmisión y por esos émbolos y por estos volantes

rugiendo, rechinando, rumoreando, atronando, ferrando,

haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con una sola caricia en el alma.

¡Ah, poder expresarse todo como un motor se expresa!

¡Ser completo como una máquina!

¡Poder ir por la vida triunfante como un automóvil último modelo!

¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,

rasgarme todo, abrirme completamente, volverme poroso

a todos los perfumes de aceites y calores y carbones

de esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!

¡Fraternidad con todas las dinámicas!

¡Promiscua furia de ser parte-agente

del rodar férreo y cosmopolita

de los trenes estrenuos*,

de la tarea de transportar cargas de navíos,

del giro lento y lúbrico de los guindastes,

del tumulto disciplinado de las fábricas,

y del casi-silencio susurrante y monótono de las correas de transmisión!

¡Horas europeas, productoras, entablilladas

entre maquinismos y quehaceres útiles!

¡Grandes ciudades paradas en los cafés,

en los cafés -oasis de inutilidades ruidosas-

donde se cristalizan y precipitan

los rumores y los gestos de lo Útil

y las ruedas dentadas y los coginetes de lo Progresivo!

¡Nueva Minerva sin alma de los muelles y estaciones!

¡Nuevos entusiasmos con la estatura del Momento!

¡Quillas de placas de hierro sonriendo arrimadas a las dársenas

o en seco, erguidas, en los planos inclinados de los puertos!

¡Actividad internacional, transatlántica, Canadian-Pacific!

¡Luces y febriles pérdidas de tiempo en los bares, en los hoteles,

en los Longchamps y en los Derbies y en los Ascots,

y Picadillies y Avenues de l’Opera que entran

por dentro de mi alma!

¡Hola, calles, hola, plazas, hola, la foule!

¡Todo lo que pasa, todo lo que se para ente los escaparates!

¡Comerciantes; vagabundos; escrocs exageradamente bien vestidos;

miembros evidentes de clubes aristocráticos;

escuálidas figuras ambiguas; padres de familia vagamente felices

y paternales hasta en la cadena de oro que atraviesa el chaleco

de bolsillo a bolsillo!

¡Todo lo que pasa, todo lo que pasa y nunca pasa!

¡Presencia excesivamente acentuada de las cocottes,

banalidad interesante (¡y quién sabe qué otra cosa por dentro!)

de las burguesitas, madre e hija, por lo general,

que andan por la calle con cualquier motivo;

la gracia femenina y falsa de los pederastas que pasan, lentos;

y toda la gente sencillamente elegante que pasea y se exhibe

y luego resulta que tienen un alma dentro!

(¡Ah, cómo desearía ser el souteneur de todo esto!)

¡La maravillosa belleza de las corrupciones políticas,

deliciosos escándalos financieros y diplomáticos,

agresiones políticas en las calles,

y de vez en cuando el cometa de algún regicidio

que ilumina de Prodigio y Fanfarria los cielos

usuales y lúcidos de la Civilización cotidiana!

¡Noticias desmentidas de los periódicos,

artículos políticos insinceramente sinceros,

noticias passez à-la-caisse, grandes crímenes-

de los que dos columnas pasan a la segunda página!

¡El olor fresco a tinta tipográfica!

¡Los carteles pegados hace poco, mojados!

¡Vients-de-paraître amarillos con una cinta blanca!

¡Cuánto os amo a todos, a todos, a todos,

cuánto os amo de todas las maneras,

con los ojos y con el oído y con el olfato

y con el tacto (¡lo que representaría para mí tocaros!)

y con la inteligencia como una antena a la que hacéis vibrar!

¡Ah, de qué manera todos mis sentidos se encelan por vosotros!

¡Abonos, trilladoras a vapor, progresos de la agricultura!

¡Química agrícola, y el comercio casi una ciencia!

¡Oh muestrarios de los viajantes-de-comercio,

de los viajantes-de-comercio, caballeros-andantes de la Industria,

prolongaciones humanas de las fábricas y de las oficinas tranquilas!

¡Oh telas en los escaparates, oh maniquíes, oh últimos figurines!

¡Oh artículos inútiles que todos quieren comprar!

¡Hola, grandes almacenes con varias secciones!

¡Hola, anuncios luminosos que se ven, parpadean y desaparecen!

¡Hola, todo aquello con lo que hoy se construye, con lo que hoy se es diferente de ayer!

¡Eh, cemento armado, hormigón, técnicas nuevas!

¡Progresos de los armamentos gloriosamente mortíferos!

¡Blindajes, cañones, ametralladoras, submarinos, aeroplanos!

Os amo a todos, a todo, como una fiera.

Os amo carnívoramente,

perversamente y enroscando mi mirada

en vosotras, ¡oh cosas grandes, banales, útiles, inútiles,

oh cosas modernísimas,

oh mis contemporáneas, forma actual y próxima

del sistema inmediato del Universo!

¡Nueva Revelación metálica y dinámica de Dios!

¡Oh fábricas, oh laboratorios, oh music-halls, oh Luna Parks,

oh acorazados, oh puentes, oh muelles flotantes,

en mi mente turbulenta y encandecida

os poseo como a una mujer hermosa,

os poseo totalmente como a una mujer hermosa a la que no se ama,

a la que se encuentra por casualidad y nos parece interesantísima!

¡Eh-ah-ho, fachadas de los grandes almacenes!

¡Eh-ah-ho, ascensores de los grandes edificios!

¡Eh-ah-ho, reorganizaciones ministeriales!

¡Parlamentos, políticas, secretarios de presupuestos,

presupuestos falsificados!

(Un presupuesto es tan natural como un árbol

y un parlamento tan bello como una mariposa.)

¡Hola, interés por todo en la vida,

porque todo es la vida, desde los brillantes en los escaparates

hasta la noche, puente misterioso entre los astros

y el mar antiguo y solemne, bañando las costas

y siendo misericordiosamente el mismo

que era cuando Platón era verdaderamente Platón

en su presencia verdadera y en su carne con el alma adentro,

y hablaba con Aristóteles, que no había de ser su discípulo!

Yo podría morir triturado por un motor

con el sentimiento de deliciosa entrega de una mujer poseída.

¡Arrójenme dentro de los altos hornos!

¡Tírenme debajo de los trenes!

¡Azótenme a bordo de los barcos!

¡Masoquismo a través de los maquinismos!

¡Sadismo de no sé qué moderno y yo y barullo!

¡Aupa, jockey que has ganado el Derby,

morder tu cap de dos colores!

(¡Ser tan alto que no pudiese entrar por ninguna puerta!

¡Ah, mirar es para mí una perversión sexual!)

¡Eh, eh, eh, catedrales!

¡Dejad que me parta la cabeza contra vuestras esquinas,

y que sea levantado de la calle lleno de sangre

sin que nadie sepa quién soy!

¡Oh tranvías, funiculares, metropolitanos,

restregaos conmigo hasta el espasmo!

¡Huy, huy, ay, ay, ay!

¡Soltadme carcajadas en plena cara,

oh automóviles atestados de parranderos y de putas,

oh multitudes cotidianas ni alegres ni tristes de las calles,

río multicolor anónimo donde no puedo bañarme como querría!

¡Ah, qué vidas tan complejas, qué de cosas por todas las casas de todo esto!

¡Ah, saberse la vida de todos, los apuros de dinero,

los disgustos domésticos, los vicios que no se sospechan,

los pensamientos que cada uno tiene a solas en su cuarto

y los gestos que hace cuando nadie lo puede ver!

¡No saber todo esto es ignorarlo todo, oh rabia!,

oh rabia que como una fiebre y un celo y un hambre

me consume el rostro y me agita a veces las manos

en crispaciones absurdas justo en medio de las turbas

en las calles llenas de encontronazos!

¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,

que dice palabrotas como palabras corrientes,

cuyos hijos roban a las puertas de los ultramarinos,

y cuyas hijas a los ocho años -¡y esto me parece hermoso y me gusta!-

masturban a hombres de aspecto decente en el hueco de la escalera!

¡Ah, la gentuza que anda por los andamios y se va a casa

por callejas casi irreales de estrechez y podredumbre!

¡Maravillosa ralea humana que vive como los perros,

que está por debajo de todos los sistemas morales,

para quien no ha sido hecha ninguna religión,

creado ningún arte,

destinada ninguna política!

¡Cuánto os amo a todos, porque sois así,

ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,

inalcanzables por todos los progresos,

fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!

(En la noria del huerto de mi casa

el burro anda dando vueltas, dando vueltas,

y el misterio del mundo es de este tamaño).

Límpiate el sudor con el brazo, trabajador descontento.

La luz del sol sofoca el silencio de las esferas

y todos hemos de morir,

¡oh pinares sombríos del crepúsculo,

pinares en los que mi infancia era otra cosa

de lo que ahora soy…!

Pero, ¡ah, otra vez la rabia mecánica constante!

Otra vez la obsesión agitada de los autobuses.

Y otra vez la furia de estar yendo al mismo tiempo dentro de todos los trenes

de todas las partes del mundo,

de estar diciendo adiós desde la borda de todos los navíos,

que a estas horas están levando anclas o alejándose de los muelles.

¡Oh hierro, oh acero, oh aluminio, oh chapas de hierro curvado!

¡Oh muelles, oh puertos, oh convoyes, oh guindastes, oh remolcadores!

¡Eh-ah grandes desastres de trenes!

¡Eh-ah hundimientos de galerías de minas!

¡Eh-ah naufragios deliciosos de los grandes trasatlánticos!

¡Eh-ah revoluciones aquí, allá, acullá,

alteraciones de constituciones, guerras, tratados, invasiones,

ruido, injusticias, violencias, y tal vez en breve el fin,

la gran invasión de los bárbaros amarillos por Europa,

y otro Sol en el nuevo Horizonte!

¡Qué importa todo esto, pero qué importa todo esto

al fúlgido y rubro ruido contemporáneo,

al ruido cruel y delicioso de la civilización de hoy!

Todo esto apaga todo, salvo el Momento,

el Momento de tronco desnudo y caliente como un fogonero,

el Momento estridentemente ruidoso y mecánico,

el Momento, dinámico pasaje de todas las bacantes

del hierro y del bronce y de la borrachera de los metales.

¡Ea trenes, ea puentes, ea hoteles a la hora de cenar,

ea aparatos de todas las clases, férreos, brutos, mínimos,

instrumentos de precisión, aparatos de triturar, de cavar,

industrias, brocas, rotativas!

¡Ea! ¡ea! ¡ea!

¡Ea electricidad, nervios enfermos de la Materia!

¡Ea telegrafía sin hilos, simpatía metálica de lo Inconsciente!

¡Ea túneles, ea canales, Panamá, Kiel, Suez!

¡Ea todo el pasado dentro del presente!

¡Ea todo el futuro ya dentro de nosotros! ¡Ea!

¡Ea, ea, ea!

¡Frutos de hierro y útiles del árbol-fábrica cosmopolita!

¡Ea, ea, ea! ¡ea-ho-ho-ho!

No sé que existo para dentro. Giro, doy vueltas, me ingenio.

Me enganchan en todos los trenes.

Me izan en todos los muelles.

Giro dentro de las hélices de todos los barcos.

¡Ea! ¡Hurra! ¡Ea!

¡Ea! ¡Soy el calor mecánico y la electricidad!

¡Ea! ¡Y los rails y las casas de máquinas y Europa!

¡Ea y hurra por mi-todo y en todo, máquinas trabajando, ea!

¡Saltar con todo por encima de todo! ¡Aúpa!

¡Aúpa, aúpa, aúpa, aúpa!

¡Hala! ¡Hola! ¡Ho-o-o-o-o!

¡Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!

¡Ah, no ser yo todo el mundo y todos los sitios!

Fernando Pessoa (Álvaro de Campos. Lisboa 1888 – 1935)

 

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