TUS MANOS Y LA MENTIRA

Creación (detalle). Miguel Ángel

Graves como las piedras,

Tristes como canciones de presidio,

Pesadas y macizas como bestias de carga,

Tus manos se parecen

al rostro endurecido

de los niños hambrientos.

Ágiles, laboriosas como abejas,

Pródigas como ubres desbordantes de leche,

Intrépidas lo mismo que la naturaleza,

Bajo su dura piel, tus manos guardan

la amistad y el afecto.

No está nuestro planeta sostenido

por los cuernos de un buey:

Tus manos lo sostienen…

¡Qué hombres, nuestros hombres!

Los mantienen a fuerza de mentiras,

Siendo que andan hambrientos,

Faltos de carne y pan,

Y dejan este mundo, al que cargan de frutos,

Sin poder verlos en la mesa propia

ni siquiera una vez.

¡Qué hombres, nuestros hombres!

Sobre todo los de Asia, los de África,

del Medio Oriente, del Cercano Oriente,

Los de las tantas islas del Pacífico

y los de mi país,

Es decir, mucho más del setenta por ciento

de los hombres del mundo:

 

Están adormecidos, están viejos,

Siendo listos y jóvenes como lo son sus manos…

¡Qué hombres, nuestros hombres!

Ustedes, mis hermanos de América o Europa,

Tan alertas y audaces,

A quienes, sin embargo, los aturden

lo mismo que a sus manos,

Y les mienten,

y los hacen marchar…

¡Qué hombres, nuestros hombres!

Si mienten las antenas de las radios,

Si mienten las enormes rotativas,

Si miente el libro y mienten los afiches,

Si mienten los anuncios de los diarios,

Si mienten las desnudas piernas de las muchachas

en el teatro y en el cine,

Si hasta mienten las canciones de cuna,

Si miente el sueño, si el pecado miente,

Si miente el violinista de la boite,

Si miente el plenilunio

en las noches sin ninguna esperanza,

Si mienten la palabra,

el color y la voz,

Si miente el que te explota,

El que explota tus manos,

Si todo el mundo y todas, todas las cosas mienten,

a excepción de tus manos,

Es para que tus manos siempre sean

dóciles como arcilla,

ciegas como la noche,

idiotas como el perro del pastor,

Y para que jamás se subleven tus manos

Y para que no acabe jamás tanta injusticia

–Ideal del traficante–

Sobre este mundo nuestro,

este mundo mortal

Donde poder vivir

sería lo mejor.

 

NAZIM HIKMET

 

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